Nada más bajar del tren en la pequeña estación de Kido Nanzoin-mae, sentimos que el aire cambiaba. El bullicio de Fukuoka se disolvió entre el aroma a incienso y la humedad de los cedros. Caminamos por el famoso puente melódico, cuyas placas de bronce suenan como un xilófono al golpearlas con suavidad, dándonos una bienvenida sonora a este rincón sagrado de Kyushu.
El Templo Nanzoin no es solo un templo; es el punto de partida de la peregrinación de Sasaguri, una ruta de 88 templos que serpentea por estas montañas. Este rincón es solo una pequeña muestra de todo lo que el país ofrece. Para tener una visión global, echa un vistazo a nuestra guía definitiva de destinos y lugares turísticos en Japón.
Un laberinto de túneles y fortuna divina
Nuestra exploración nos llevó primero por senderos que parecen sacados de una fábula. Cruzamos un túnel custodiado por deidades que nos condujo a una de las zonas más curiosas: el santuario dedicado a los Shichifukujin. Aquí, la atmósfera es distinta, cargada de una energía positiva que invita a buscar la buena ventura.

No es casualidad que muchos peregrinos acudan aquí con sus participaciones de lotería. Nos contaron que la fama de este lugar como imán para la riqueza se disparó cuando uno de sus sacerdotes ganó un premio millonario tras dejar su boleto junto a la estatua de Daikoku. Ver a los fieles frotar con fe las figuras de los Siete Dioses de la Fortuna nos recordó que, en Japón, lo sagrado y lo cotidiano caminan siempre de la mano.

El despertar de los 500 Rakan
Continuando el ascenso, nos detuvimos ante la impresionante hilera de los 500 Rakan. Es sobrecogedor caminar frente a estos discípulos del Gran Buda tallados en piedra. Lo que más nos llamó la atención fue que no hay dos rostros iguales; algunos ríen a carcajadas, otros parecen sumidos en una tristeza profunda y algunos guardan un silencio solemne. El musgo que los cubre les da un aspecto eterno, como si llevaran siglos vigilando el paso del tiempo en la montaña.
Cerca de allí, el sonido del agua nos guio hasta una pequeña cascada donde, en ocasiones, se puede ver a devotos practicando la purificación bajo el chorro de agua fría. Es un recordatorio de la disciplina y la entrega que exige el budismo esotérico Shingon.
Ante la inmensidad del Nehanzo
Tras avanzar unos metros más por el sendero, nos topamos finalmente con la gran recompensa del camino: el Gran Buda.
Se le atribuye el título de la escultura de bronce más grande del planeta, además de ser, sin discusión, el Buda reclinado más colosal de todo Japón. Aunque no nos detuvimos a verificar cada cifra, lo cierto es que este tipo de representaciones acostadas son una auténtica rareza en territorio nipón (siendo mucho más habituales en países del sudeste asiático como Tailandia), lo que hace que su presencia aquí se sienta como algo excepcional y único.

Sus dimensiones son, sencillamente, abrumadoras: 41 metros de longitud, 11 metros de altura y un peso que no baja de las 300 toneladas. Estar a su lado genera un impacto difícil de describir; es esa sensación de asombro puro que te deja sin palabras. Nos cautivaron especialmente los detalles de su peinado y, sobre todo, sus pies, que lucen una decoración magnífica realizada en pan de oro.
Nos acercamos a sus pies, donde la tradición manda colocar una moneda sobre los grabados dorados de las plantas, conocidos como Bussokuzen. Cada uno de estos símbolos representa una enseñanza o una virtud del Gran Buda. Al tocar el metal frío y mirar hacia arriba, hacia la inmensa figura que recorta el cielo de Sasaguri, entendimos por qué este lugar es considerado un centro espiritual de primer orden.
Un origen forjado en la gratitud
Aunque su construcción es relativamente reciente (data de 1995) y no cuenta con el peso histórico de monumentos como el Gran Buda de Nara, su trasfondo es fascinante. Durante años, los monjes del Templo Nanzoin enviaron suministros y fondos a Myanmar y Nepal para proporcionar asistencia médica a niños necesitados. Como gesto de profundo agradecimiento, ambos países entregaron al templo parte de las cenizas sagradas de Buda.
Fue para custodiar este legado que se decidió erigir la estatua, en cuya inauguración participaron nada menos que 1.300 monjes.
El acceso a la plaza donde descansa el gigante es gratuito, al igual que el resto del recinto. Sin embargo, para entrar en el interior de la estructura y ver de cerca las reliquias y las cenizas mencionadas, es necesario abonar 500 yenes. Esta entrada incluye una tablilla de madera para deseos, conocida como ema, donde pudimos escribir nuestras peticiones antes de colgarla en el espacio habilitado dentro del monumento.

Cómo llegar y consejos de viaje
Para llegar al Templo Nanzoin desde las principales ciudades es sorprendentemente sencillo:
- Desde Fukuoka (Hakata): Es la opción más rápida. Tomad la línea JR Sasaguri (también llamada Fukuhoku Yutaka Line) desde la estación de Hakata. El trayecto dura unos 20-25 minutos en el tren rápido. Debéis bajar en la estación Kido Nanzoin-mae.
- Desde Kumamoto: Lo ideal es tomar el Shinkansen hasta Hakata (unos 35-40 min) y desde allí hacer el transbordo a la línea local mencionada.
Recomendamos llegar temprano por la mañana. Aunque el Templo Nanzoin es un tesoro «semiescondido», cada vez más gente se acerca al mediodía. Además, recordad vestir de forma respetuosa; al ser un lugar de culto activo y sagrado, son estrictos con la vestimenta. No permiten la entrada con ropa excesivamente corta o tatuajes muy visibles; si los tienes, es mejor cubrirlos con una manga larga o parches para evitar malentendidos al visitar el Templo Nanzoin.
El Rincón del Idioma
Nehanzo (涅槃像)
Se refiere a la imagen del Gran Buda reclinado, representando el estado de Nirvana.
Sasaguri (篠栗)
Nombre de la localidad y de la famosa ruta de peregrinación de 88 templos de Kyushu.
Reigen (霊験)
Un término que se usa para describir el «milagro» o la eficacia espiritual de una deidad o lugar sagrado.
Shingon (真言)
La secta del budismo esotérico a la cual pertenece este templo.

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