En la historia de las grandes aventuras hay nombres que se quedan grabados para siempre, y el de Junko Tabei es uno de los más importantes. Nacida en Fukushima en 1939, Junko no solo subió a las montañas más difíciles del mundo, sino que también rompió con lo que la sociedad japonesa de su tiempo esperaba de ella: que se quedara en casa cuidando de la familia. Su vida es la prueba de que, con determinación, una persona que parece «frágil» puede convertirse en alguien capaz de superar los retos más duros.
Aunque medía apenas un metro y medio, Junko demostró que la fuerza de verdad no está en el tamaño de los músculos, sino en la cabeza. Su mejor herramienta no fue el equipo de escalada, sino su decisión de ignorar a todos los que pensaban que era una «mujer delicada» que no aguantaría en la montaña. Por eso, decidió fundar el Ladies Climbing Club (Club de Escalada para Mujeres) en Japón, con un lema muy claro: «Hagamos expediciones al extranjero por nuestra cuenta«.
El contexto de Junko Tabei en un Japón para hombres
Para entender bien lo que hizo, hay que recordar cómo era el Japón de después de la Segunda Guerra Mundial. Junko creció en una zona rural de Fukushima y, aunque de niña parecía tener una salud algo floja, a los diez años descubrió su pasión en el Monte Nasu. Allí se dio cuenta de algo muy valioso: la montaña era el único lugar donde nadie la juzgaba por ser mujer o por ser bajita, lo único que importaba era su capacidad de dar el siguiente paso hacia la cima.
En los años 60 y 70, lo normal en Japón era que las mujeres cumplieran el papel de buenas esposas y madres sabias. Era un ambiente muy cerrado para alguien que quería aventura. Pero Junko no se rindió. Trabajaba como editora en una revista científica para pagarse sus viajes, ahorrando cada moneda que podía mientras aguantaba los comentarios de muchos hombres que le decían que su sitio estaba en casa criando a sus hijos.

Dato curioso
Para financiar su expedición al Everest en 1975, Junko y sus compañeras tuvieron que ser muy creativas. Como casi ninguna empresa quería patrocinar a un grupo de mujeres, ellas mismas fabricaron parte de su equipo, cosiendo sacos de dormir con plumas que compraban de segunda mano y fabricando guantes con restos de fundas de asientos de coches
Hitos de Junko Tabei en el Everest y las Siete Cumbres
El punto de inflexión que cambió la historia del montañismo femenino ocurrió el 16 de mayo de 1975. Como líder de la Expedición Japonesa de Mujeres al Everest, Tabei se enfrentó a un desafío que estuvo a punto de truncar su vida mucho antes de alcanzar la gloria. A una altitud de 6.300 metros, una avalancha masiva sepultó el campamento base avanzado. Junko quedó enterrada bajo una densa capa de nieve y perdió el conocimiento por completo hasta que su guía sherpa logró rescatarla de una muerte segura.
A pesar de las lesiones físicas y el trauma psicológico de haber rozado el final, su determinación no disminuyó. Apenas doce días después de aquel incidente, se convirtió en la primera mujer en la historia en pisar la cima del Everest. Sus virtudes no eran meramente atléticas, poseía una paciencia estratégica y una humildad que desarmaba incluso a sus críticos más feroces. No buscaba la notoriedad mediática, sino la culminación de un propósito vital. En 1992, consolidó su estatus de leyenda al ser la primera mujer en completar las Siete Cumbres, conquistando la cima más alta de cada continente y demostrando una versatilidad técnica especial.

Filosofía del Gaman y la ética de Junko Tabei
La forma de ver la vida de Junko Tabei se basaba en el Gaman, una idea japonesa que trata sobre aguantar y seguir adelante con calma cuando las cosas se ponen casi imposibles. Para ella, la montaña no era un enemigo al que había que ganar, sino un maestro silencioso al que debía escuchar con todo su respeto.
Sus amistades más fuertes nacieron dentro de su club de montaña para mujeres. Juntas tuvieron que abrirse paso en un mundo deportivo que les cerraba las puertas de los grupos tradicionales de escalada. Aunque tuvo un éxito increíble, Junko siempre fue muy humana: admitía sin problemas que sentía miedo antes de cada subida y que le agobiaba mucho ver cómo el turismo estaba llenando de basura el Himalaya.
«La técnica y la capacidad pueden comprarse o entrenarse, pero la voluntad de seguir adelante cuando el cuerpo dice basta es algo que nace del respeto por el entorno»
Junko Tabei
Como le importaba tanto cuidar las montañas, dedicó sus últimos años a proteger la naturaleza. Incluso estudió un posgrado para saber cómo limpiar mejor los residuos del Everest, convirtiendo sus herramientas de escalada en herramientas para cuidar el planeta. Su historia se parece a la de otras mujeres que, con mucho trabajo y sin hacer ruido, cambiaron lo que se esperaba de ellas en mundos peligrosos.
Hoy, en este 2026, Junko Tabei es mucho más que una deportista famosa, es un ejemplo para todo Japón. Ella no solo subió montañas, sino que rompió barreras en una sociedad que no imaginaba a una mujer liderando en situaciones de tanto riesgo. Es fascinante ver porque su historia sigue ayudando a tanta gente a día de hoy.
La montaña como herramienta de sanación y esperanza
Incluso cuando se puso muy enferma de cáncer, Junko no se rindió ni se quedó en casa. Su última subida no la hizo para batir un récord o porqué buscara fama, lo hizo por pura generosidad. Decidió subir al Monte Fuji con un grupo de estudiantes que habían sufrido las consecuencias del desastre de Fukushima en 2011. Con este gesto, quiso demostrarles que estar en contacto con la naturaleza es la mejor medicina para el corazón.
Para Junko, llevar a estos jóvenes a lo más alto del volcán más famoso de Japón era una manera de darles un mensaje claro: después de que pase algo muy malo en la vida, siempre hay una meta que alcanzar y un motivo para seguir adelante. Junko Tabei murió en 2016, pero su forma de ver el mundo sigue viva en su última gran enseñanza:
«No te rindas. Sigue tu camino. Si yo pude hacerlo, tú también puedes. La montaña siempre estará ahí, lo que importa es lo que encuentres dentro de ti mientras subes.»

Dato curioso
Junko Tabei no solo era una experta en geografía alpina, también era una apasionada de la música. Durante sus años universitarios, tocaba el piano y el koto (arpa japonesa), y a menudo comparaba la disciplina necesaria para dominar un instrumento con la que se requiere para coronar un ocho mil.
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